Costa Rica rompe distancia con La Habana y deja otra señal del aislamiento de la dictadura cubana
Costa Rica decidió cerrar su embajada en Cuba y marcar distancia con un régimen cada vez más cuestionado por la represión, el deterioro de las libertades y el hundimiento de las condiciones de vida en la isla. La decisión supone otro golpe diplomático para una dictadura cada vez más aislada.

Dr. Arnoldo André Tinoco Canciller de la República de Costa Rica
Costa Rica dio este miércoles un paso político de peso al cerrar su embajada en Cuba y dejar claro que no está dispuesta a seguir mirando hacia otro lado ante la deriva represiva del régimen. La decisión llega en un momento en que la dictadura cubana acumula denuncias por persecución a opositores, restricciones a las libertades fundamentales y una crisis social que castiga cada día más a la población.
Más allá del movimiento diplomático, el mensaje de fondo es evidente: la situación en Cuba ya no puede maquillarse ni tratarse como una simple diferencia ideológica entre gobiernos. Lo que existe en la isla es un sistema que reprime, empobrece y asfixia a su pueblo mientras intenta mantenerse a flote con propaganda, control político y excusas externas.
La medida representa además un revés para La Habana en un contexto de creciente desgaste internacional. Mientras el régimen insiste en culpar a otros de sus fracasos, la realidad que observan cada vez más gobiernos es la de un país atrapado en la escasez, los apagones, la falta de derechos y el miedo a protestar.
La dictadura cubana respondió como acostumbra: rechazando la decisión, victimizándose y buscando un culpable externo. Pero el problema de fondo no está fuera de Cuba. Está en un poder que, después de décadas, sigue incapaz de ofrecer libertad, prosperidad o dignidad a su propia gente.
