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Roilán Álvarez depone su huelga de hambre tras un paro cardíaco y vuelve a prisión en estado delicado

El preso político cubano Roilán Álvarez Rensoler suspendió su huelga de hambre tras sufrir un paro cardíaco, pero fue devuelto a prisión pese a la gravedad de su estado. El caso vuelve a exponer la crueldad del régimen contra los opositores encarcelados y la situación límite de los presos políticos en Cuba.

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Roilán Álvarez Rensoler, preso político cubano

Roilán Álvarez Rensoler, preso político cubano

El preso político cubano Roilán Álvarez Rensoler depuso su huelga de hambre tras sufrir un paro cardíaco, pero lejos de recibir una respuesta humanitaria por parte del régimen, fue retornado a prisión en un estado de salud descrito como muy delicado.

El opositor comenzó a ingerir pequeñas cantidades de jugo de frutas después de conversar con su hermana, tras casi siete semanas de huelga de hambre y un deterioro físico extremo. Sin embargo, el elemento más alarmante del caso no es solo el colapso sufrido, sino que, aun después de ese episodio crítico, las autoridades decidieron devolverlo al sistema penitenciario.

Álvarez Rensoler cumplía 49 días en huelga de hambre cuando sufrió el paro cardíaco en el Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, en Holguín, donde permanecía ingresado desde hacía semanas debido a la gravedad de su estado. Pese a ello, fue trasladado por orden de la policía política a la Prisión Provisional de Holguín, una decisión que ha disparado la alarma entre familiares, activistas y opositores.

El retorno a prisión, después de un evento médico de semejante magnitud, agrava todavía más la preocupación sobre su integridad física. En lugar de una excarcelación por razones humanitarias o de una atención médica sin presión represiva, el régimen optó por devolver a la cárcel a un hombre al borde del colapso, confirmando una vez más el carácter punitivo con que trata a los presos políticos.

Familiares del opositor habían denunciado previamente la falta de transparencia en torno a su situación. Según su entorno, agentes de la Seguridad del Estado aseguraron días antes que Roilán Álvarez ya había comenzado a ingerir alimentos, pero el paro cardíaco posterior desmontó esa versión y reforzó las sospechas de opacidad oficial y manipulación informativa.

La hermana del preso político también había alertado sobre la fuerte custodia policial en el hospital y sobre las dificultades para conocer con claridad la evolución real de su salud. A ello se suma otra denuncia grave: las autoridades habrían transmitido a la familia que solo contemplaban excarcelarlo si se garantizaba su salida de Cuba.

Roilán Álvarez fue detenido el 30 de enero junto a otros activistas. El régimen lo acusa de realizar pintadas con consignas antigubernamentales en varias localidades de Holguín y de dañar una valla con la imagen de Fidel Castro en Birán. En protesta por su arresto, inició una huelga de hambre en el centro de detención conocido como “Todo el mundo canta”, en Pedernales, para exigir su liberación.

Su caso ha generado reacciones fuera de la isla. Desde Estados Unidos, el congresista Mario Díaz-Balart calificó su situación de crítica y exigió su liberación inmediata, al tiempo que denunció las condiciones inhumanas del sistema carcelario cubano.

El caso de Álvarez Rensoler se inserta en una realidad más amplia: la de cientos de presos políticos sometidos a condiciones extremas, sin garantías legales y expuestos a castigos, negligencia médica y represión sistemática. Muchos recurren a la huelga de hambre como último recurso ante la indefensión total, y aun así el régimen responde con más presión, más aislamiento y más crueldad.

En paralelo, familiares y allegados de presos políticos han lanzado campañas en redes sociales para visibilizar a los más de mil reclusos por motivos políticos en Cuba. La etiqueta #HastaQueSeanLibres se ha convertido en una herramienta para denunciar no solo las detenciones, sino también el abandono, el hostigamiento y el trato inhumano que sufren dentro del sistema penitenciario.

El caso de Roilán Álvarez resume con dureza la lógica represiva del régimen cubano: un opositor se desploma tras 49 días en huelga de hambre, sufre un paro cardíaco y, en vez de ser liberado, vuelve a prisión. Ese retorno a la cárcel, aun en condiciones críticas, no es un detalle secundario, sino la prueba más clara de hasta dónde está dispuesto a llegar el aparato represivo para castigar a quien desafía al poder.

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