← Guajiro DigitalOpinión
Guajiro Digital
Guajiro Digital
Portada
Opinión

Entre hambre y oscuridad, Silvio elige el fusil: otra vez del lado de la dictadura

El cantautor reaparece no para defender al pueblo cubano, sino para ofrecerse otra vez como voz útil del régimen. Mientras millones de cubanos viven en la oscuridad, sin comida, sin medicinas y sin libertad, Silvio habla de AKM, “resistencia” y guerra.

Por JVI (anónimo)
Silvio Rodríguez — 📷 Hola News

Silvio Rodríguez — 📷 Hola News

En medio del colapso que devora a Cuba desde dentro, Silvio Rodríguez ha decidido volver a retratarse. No como artista, no como conciencia moral del país, no como defensor del pueblo que sufre, sino como lo que ha sido durante décadas: un símbolo cultural al servicio del régimen. Su frase, “Exijo mi AKM, si se lanzan”, no solo confirma de qué lado ha estado siempre, sino también hasta qué punto la élite ideológica del castrismo sigue sintiéndose más cómoda hablando de fusiles que de hambre, de soberanía que de represión, y de enemigos externos que de las ruinas internas que ellos mismos ayudaron a construir.

Mientras el cubano de a pie hace malabares para cocinar con carbón, conservar un poco de comida sin electricidad y sobrevivir a apagones interminables, Silvio no habla del niño que cena arroz solo, ni de la madre que no encuentra medicamentos, ni del anciano que pasa calor, sed y abandono. Habla de armas. Habla de resistencia. Habla como quien todavía pretende vender épica en un país donde ya no queda romanticismo revolucionario, sino miseria estructural, vigilancia, miedo y cansancio. Esa desconexión no es accidental. Es la expresión más obscena del privilegio político y simbólico de quienes nunca han tenido que padecer Cuba como la padece el pueblo.

La frase del cantautor llega además en un momento especialmente delicado, con una fuerte tensión verbal entre Washington y La Habana, y con el régimen intentando reciclar, una vez más, la vieja fórmula de la plaza sitiada. Cuando la presión social aumenta, cuando la crisis aprieta, cuando la población está exhausta y la legitimidad del poder se agota, la dictadura vuelve a refugiarse en su mecanismo favorito: inventar o amplificar una amenaza exterior para exigir disciplina interior. Y ahí aparece Silvio, puntual como siempre, no para cuestionar esa manipulación, sino para reforzarla.

Porque lo más revelador aquí no es solo la mención al AKM. Lo verdaderamente importante es el silencio selectivo que la acompaña. Silvio no exige justicia para los presos políticos. No exige elecciones libres. No exige el fin de la represión. No exige responsabilidad a los culpables del desastre nacional. No exige que se escuche al pueblo, sino que se prepare el fusil. Ese es el dato político esencial. Cuando ha tocado ponerse del lado del oprimido, ha preferido ponerse del lado del poder. Cuando ha tocado denunciar al verdugo, ha preferido cantar para la escenografía oficial.

Durante años, parte de la izquierda internacional intentó vender a Silvio Rodríguez como una figura compleja, crítica, incluso incómoda para el sistema. Pero cada vez que la historia aprieta, termina hablando el militante. Y el militante no falla: sale a proteger el relato del régimen. Da igual que Cuba esté devastada, que miles hayan emigrado, que la juventud huya, que la infraestructura se derrumbe y que la población sobreviva entre apagones, hambre y desesperanza. Para Silvio, el problema sigue estando fuera. Nunca dentro. Nunca arriba. Nunca en la cúpula que ha secuestrado el país por más de seis décadas.

La dictadura cubana necesita precisamente eso: rostros culturales que le laven la cara al discurso del poder. Intelectuales y artistas que, con prestigio acumulado, conviertan la propaganda en algo emocionalmente digerible. Silvio cumple ese papel con eficacia. Le pone poesía al autoritarismo, solemnidad al fracaso y romanticismo a la obediencia ideológica. Pero la Cuba real ya no vive en las metáforas de la Nueva Trova. Vive en la escasez. Vive en la vigilancia. Vive en la frustración. Vive en la certeza de que el enemigo principal del pueblo cubano no está a 90 millas, sino sentado en el poder desde hace generaciones.

A estas alturas, hablar de “resistencia inexpugnable” resulta casi una burla. ¿Resistencia de quién y para quién? El pueblo cubano ha resistido demasiado, sí, pero no por heroísmo revolucionario, sino porque no le han dejado otra salida. Ha resistido el hambre, los cortes eléctricos, los salarios de miseria, la censura, la represión y el exilio forzado. Ha resistido a un Estado que le exige sacrificios infinitos mientras la nomenklatura vive blindada del desastre que administra. Si alguien ha resistido en Cuba, no ha sido el régimen: ha sido la gente.

Silvio Rodríguez ha vuelto a elegir. Y su elección no sorprende. Ha preferido el fusil simbólico del castrismo antes que la verdad del país real. Ha preferido la consigna antes que la compasión. Ha preferido el reflejo ideológico antes que la dignidad moral de ponerse, aunque sea una vez, del lado del pueblo. En la Cuba de hoy, eso ya no puede disfrazarse de patriotismo ni de defensa nacional.

Porque mientras unos amenazan con tomar las armas, millones de cubanos siguen librando una batalla mucho más urgente y mucho más cruel: la de sobrevivir un día más bajo una dictadura que todavía pretende vender heroísmo desde los escombros.

Fuente original: Por JVI (anónimo)

Compartir