La dictadura cubana busca oxígeno en el exilio mientras hunde la economía dentro de la isla
El régimen cubano ha abierto la puerta a inversiones de cubanos en el exterior en sectores como agro, infraestructura y finanzas, e incluso extiende ese mensaje a empresas estadounidenses. La medida llega en medio de una economía colapsada, apagones masivos y una crisis social que el propio sistema ha provocado.

La dictadura cubana vuelve a hacer lo que mejor sabe: destruir la economía del país y, cuando ya no queda margen interno, pedir auxilio fuera. Esta vez, el régimen ha llamado a los cubanos en el exterior a invertir en sectores como el agro, la infraestructura y las finanzas, en un intento desesperado por inyectar recursos a una economía exhausta y sin credibilidad. La apertura, según la información publicada por EL PAÍS, también se extiende a empresas estadounidenses.
La maniobra no representa una verdadera apertura económica, sino una admisión de fracaso. Después de décadas de control estatal, represión al emprendimiento y asfixia sistemática de la iniciativa privada, el poder cubano intenta ahora atraer capital de quienes expulsó con su propio modelo. El mensaje implícito es claro: el sistema no funciona, pero quiere seguir sobreviviendo usando el dinero del exilio sin ceder el control político. Esa es la lógica de fondo.
El momento elegido también retrata la gravedad de la situación. Cuba atraviesa una crisis energética extrema, con colapsos del sistema eléctrico, déficits de generación, escasez de combustible y un deterioro generalizado de las condiciones de vida. En ese contexto, el llamado a invertir no suena a reforma seria, sino a operación de rescate para una estructura agotada que necesita divisas urgentes para evitar un mayor estallido social.
La contradicción es evidente: el mismo régimen que durante años criminalizó, vigiló o marginó a buena parte del exilio, ahora le abre la puerta porque necesita dinero. No hay aquí un cambio de principios, sino una maniobra de supervivencia. Incluso Marco Rubio calificó estas reformas como insuficientes y sostuvo que no resuelven los problemas estructurales de la isla.
En términos reales, el régimen no está ofreciendo libertad económica, sino la posibilidad de inyectar recursos a un sistema que sigue sin garantizar derechos, transparencia ni seguridad jurídica plenas. El problema de Cuba no es solo económico. Es político. Y mientras no cambie esa base, cualquier “apertura” seguirá pareciendo menos una reforma y más una colecta para prolongar la vida de una dictadura en ruinas.
Fuente original: El País ↗
