Madre de Alamar denuncia el drama del apagón: “Mi hija me decía de madrugada que tenía hambre”
Una denuncia recibida a través del sistema de denuncias del diario Guajiro Digital expone el impacto devastador de los apagones y la escasez en un hogar de Alamar: comida fría, falta de carbón, imposibilidad de cocinar y una niña pequeña despertándose de madrugada con hambre y dolor de barriga.

Sistema de denuncias de Guajiro Digital para el envío de testimonios
Una denuncia recibida a través del sistema de denuncias del diario Guajiro Digital revela el profundo deterioro de las condiciones de vida que sufren muchas familias cubanas a causa de los apagones, la escasez de alimentos y la falta de medios básicos para cocinar. El mensaje, enviado desde Alamar, en La Habana, expone con crudeza el nivel de desesperación que se vive dentro de numerosos hogares, donde la falta de corriente no solo deja a las familias a oscuras, sino también sin pan, sin comida caliente y sin opciones reales para alimentar a sus hijos.
Según relata la denunciante, la situación ha llegado a un límite insoportable. En su mensaje describe cómo intenta sostener a una niña pequeña en medio del hambre, el calor y la incertidumbre. Cuenta que, durante la madrugada, la menor le decía que tenía hambre y que le dolía la barriga, en una escena que resume el drama cotidiano de muchas madres cubanas atrapadas en un país colapsado.
La mujer explica que, ante la falta de pan y la imposibilidad de acceder con normalidad a productos básicos, tuvo que improvisar comida como pudo. También señala que ni siquiera pudo resolver algunos alimentos porque no los despachaban debido a la falta de corriente. En su denuncia resume el panorama con desesperación: asegura que ya está cansada, que no sabe cómo seguir enfrentando el día a día y que la situación dentro del país se ha vuelto insoportable.
La denunciante añade que ha tenido que resignarse a comer comida fría otra vez, porque ya no cuenta ni siquiera con carbón para cocinar. La noche anterior, relata, logró preparar chícharos y arroz de madrugada, aprovechando el momento en que pudo resolver algo, y le añadió un pequeño pedazo de carne para luego desmenuzarlo y guardárselo a la niña. Pero la precariedad no termina ahí: afuera hacía frío ese día, había mucho aire y llovizna, por lo que tampoco podía cocinar con leña.
El testimonio refleja una realidad que se repite en numerosos hogares cubanos: madres obligadas a improvisar cada comida, niños enfrentando hambre de madrugada y familias enteras sobreviviendo entre apagones interminables, falta de combustible y ausencia total de respuestas efectivas. Lo que para la propaganda oficial son cifras o partes energéticos, para la población se traduce en estómagos vacíos, comida fría y angustia cotidiana.
En barrios como Alamar, la crisis ya no se mide solo en horas sin electricidad, sino en el desgaste físico y emocional de quienes intentan sostener la vida en condiciones cada vez más inhumanas. Esta madre suplica ayuda y ya no sabe ni qué ni cómo cocinarle a su hija, reflejo del colapso social impuesto por la dictadura.
La denuncia deja al descubierto el costo humano de esta crisis. No se trata solo de escasez o de incomodidad, sino de niños pasando hambre, madres al límite y hogares sin recursos para resolver lo más básico. En Cuba, cada apagón prolongado agrava una emergencia silenciosa que golpea con especial dureza a los más vulnerables.
